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Yo también soy un gran violinista
y he tocado en el infierno muchas veces...
Pero ahora aquí...
Rompo mi violín... y me callo.
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(León Felipe)
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Aquí estuvimos siempre, desde antes del origen.
En el fulgor oscuro de la noche primera;
en cada relámpago que dibuja una sombra.
Fuimos las figuras aún ignoradas del cieno,
en el tiempo de roca que cabe en un segundo.
Luego sobrevivimos, doblando el calendario;
hollando las pleamares donde nacen los días;
acariciando el aire que roza los solsticios.
Y cuando fue imposible, para trazar el vuelo,
nos legamos en otros hasta ser los de siempre.
Y para seguir siendo, cuando somos los otros
escribimos los nombres que nos han habitado,
hasta ser la conciencia que desgarra la carne;
la memoria con ojos que señalan y miran;
las bocas que dentellan y pronuncian palabras.
Las palabras que nombran lo que se ve y se calla.
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Román Porras, un poema inédito de 2008
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